La Herbolaria

Si a los medicamentos de farmacia o de herbolaria (alopáticos) se les reduce su precio de 500 a 5000 veces, prácticamente desaparecería “el negocio” y nadie se interesaría en la producción, distribución o venta de medicinas: habría desaparecido la posibilidad de lucrar.

Sin embargo, perdurarían aquellas personas interesadas en utilizar medicamentos para curar a los enfermos o para prevenir las enfermedades o tratar situaciones inconvenientes para la salud humana. Otro tanto podríamos decir de las drogas o narcóticos: si desaparecieran los efectos adictivos, es decir, si no hubiera el hábito por determinada droga, desaparecerá la demanda y como consecuencia, la producción, tráfico, distribución y venta, así como toda la estructura desarrollada para el control de los narcóticos.

Con el descubrimiento del mecanismo de acción de cantidades pequeñísimas de substancias medicamentosas o narcóticas (microdosis), por vía sensorio – neuro – glandulo – cerebral – terminaciones curativas o efectoras, se logran los efectos deseados para lograr la curación, en ocasiones amplificados y diversificados; por otra parte, en la misma proporción en que se reducen las dosis se abaten los costos y disminuyen los efectos colaterales indeseables; y esto se repite en el caso de los narcóticos, no se pierde la conciencia, pero sí se logran ciertas sensaciones agradables o de olvido.

En este trabajo analizamos las causas por las cuales no ha sido posible llevar a la realidad los objetivos del Juramento de Hipócrates ni los objetivos de códigos, recomendaciones, y otras normas, tanto para el trato entre el médico y sus pacientes como en los experimentos médicos sobre humanos. Una de las trabas más importantes que han impedido llevar a la práctica esas normas ha sido, invariablemente el espíritu y la realidad del lucro.

Es indudable que para que un médico considere justificadas las proposiciones de estas líneas, debe haber comprobado la veracidad de la microdosis, nada más sencillo, él mismo puede preparar una solución hidroalcohólica y agregar la proporción de un analgésico -por ejemplo- como Buscapina compuesta; un digitálico, o un antiinflamatorio, o alguno de los comprendidos en nuestros trabajos y expuestos en esta obra, y podrá verificar la acción analgésica, la del digitálico, la del tranquilizante o la del antiinflamatorio.

Si hacemos un análisis comparativo entre las acciones realizadas aisladamente por los médicos o investigadores médicos, las recomendaciones y códigos, fácilmente detectamos la relación entre los intereses comerciales y económicos con las dosis y costos así como con los efectos colaterales y aún la muerte. Por supuesto que tratamos de manejar la Microdosis como una solución a los problemas y consecuentemente la vigencia de las recomendaciones enunciadas.

No sólo lo anterior, es tan simple todo el proceso relacionado con las microdosis que podríamos pensar -ya- en la solución de numerosos problemas de producción, distribución y aplicación de medicamentos tanto de origen químico-farmacéutico como herbolario y tisular a nivel global, con fines curativos, o profilácticos. En la línea de experimentación biomédica en humanos, se abren líneas múltiples, facilitadas por la inocuidad del procedimiento, los bajos costos, la carencia de efectos colaterales y a partir del acervo de que disponemos, en compuestos químicos, farmacéuticos, herbolarios y tisulares utilizadas y excluidas o no desde hace muchos años, además de nuevas plantas e infinidad de procedimientos muy sencillos.

Es nuestra preocupación que, conforme se avanza en las comunicaciones, en la Medicina y en muchos renglones, la calidad de vida se deteriora sobre todo entre las clases pobres y los países atrasados. Si bien es cierto que la voluntad de las autoridades nacionales ha sido plasmada en declaraciones, convenios, y códigos, de carácter internacional, las condiciones económicas impiden que sea una realidad la esencia de los documentos firmados.

Creemos que una alternativa como la Microdosis, teóricamente es capaz de abatir los costos de los medicamentos en varios miles de veces, debe ser motivo de revisión para verificar su viabilidad, efectividad y demás cualidades, en un ambiente académico, técnico y, con la premura de la situación internacional, se apruebe para empleo masivo, de tal forma que llegue, en el más breve plazo, a los rincones de miseria y sufrimiento.

Por descontado que el espíritu de lucro, los reconocimientos y estímulos a los que hemos participado deben ser excluidos, en aras de una correcta aplicación y apartando las ambiciones y el egoísmo. Este sería, también, un paso para transformar los objetivos de las universidades públicas y privadas, enfocándolas a ligarse con los intereses fundamentales de la humanidad.

Dr. Eugenio Martínez Bravo. Académico de la Universidad de Zacatecas, México.